VALLSQUER En su estudio
En el centro de Barcelona, cerca de la plaza de Cataluña,
esquina del Paseo de Gracia, en la parte de la ciudad cuadriculada
por Cerdà y destrozada por el afán constructor y especulador
que ha caracterizado parte de nuestra sociedad incapaz de respetar
la idea de manzanas abiertas y ajardinadas se encuentra el estudio
de Vallsquer. Ocupa el cuarto piso de una vieja y señorial
vivienda, con escalera de mármol y ascensor renqueante, estudio
que da a la calle a través de unos estrechos balcones que
quedan casi colgando sobre el vacío y el espacio interior
de manzana ocupada por el patio de un colegio. Cada hora se producen
quince minutos de pausa en el colegio y los gritos de los muchachos
jugando sustituyen el ruido de la circulación. Vallsquer
ha inmortalizado en varias telas su calle, comparando aquella realidad
con la actual, los cambios han sido notables y en detrimento de
la estética. Han pasado ya muchos años, muchos, de
cuando el pintor, asomado al balcón, el caballete en el estudio,
pintaba, lo que veía y que ahora se ha convertido en un recuerdo.
El piso es grande, con amplias habitaciones, una elegante chimenea
en la estancia principal, un piano, muebles cómodos, techos
altos, que permiten colocar varios cuadros uno encima de otro, cuadros
de `pintores amigos del artista, grandes firmas que han dejado so
obra como recuerdo de su paso entre nosotros.
El estudio, el lugar de trabajo, da a la calle,; el resto del piso
está convertido en archivo de vivencias. Estudio que Vallsquer
está renovando, apenas dado el desorden transitorio, queda
espacio para el caballete. Se acumulan cuadros ordenadamente colocados
en estanterías metálicas y libros albergados en un
gran armario. Libros de pintura, geográficos, de literatura
catalana.
Cuando llegamos, Vallsquer se encuentra solo, trajinando ordenando.
Cada cosa en su sitio es una de sus obsesiones; todo tiene un lugar
y todo debe hallarse en el sitio que le corresponde.
- Si, si , si ya tengo ochenta y dos años, nací
el 3 de marzo de 1904, pero me inscribieron el día 4
Un día mas o menos ya no importa a estas alturas. Ni un
año. A mí esto de la edad nunca me ha preocupado.
Se nace y ya está y lo que importa es hacer cosas, estar
en activo, trabajar; el pensar en la edad el decir que tienes
mas o menos años ¿qué valor tiene? Tengo
casi ochenta y dos... y estoy vivo de milagro. Mire yo me quejaba,
tenia un dolor aquí en el brazo izquierdo, una cierta dificultad,
nada una molestia, a la que no concedía demasiada importancia.
Tampoco mi medico parecía darle valor, yo me quejaba, pero
él decía que bueno que eran cosas de la edad. Pero
un día en Olot me dio fuerte. Me había levantado
pronto, como siempre, que yo me levanto pronto, y salí
a comprar el periódico. Eran la nueve de la mañana.
Al regresar a casa, aún en la calle, me dio fuerte como
un mareo, un gran dolor. Llegué a casa como pude, me apoyé
en la mesa ... y ya no recuerdo nada más. Estuve unos segundos
con el corazón parado, muerto y lo que me salvó
fue que me atendieron inmediatamente. Y ahora pastillitas continuamente.
Si, estoy bien me encuentro bien, pero, si ando mucho... pues
me canso, ya no puedo. Solo salgo a pintar fuera cuando mi hija
me lleva en coche. Conduzco o conducía desde el año
28. Pero desde que me dio el infarto no he vuelto a sentarme al
volante. Yo no sirvo para pintar en el estudio, de memoria, paisajes
de memoria. Esto no es pintar para mí Mi estudio es el
paisaje de Olot, de Mallorca... ¿Para qué hacemos
fotos aquí, si yo trabajo al aire libre?. Si quiere, tengo
fotos que me han hecho recientemente, que han quedado bien, bastante
bien. A veces, en el estudio, hago el prefinan, toco la tela,
la trabajo algo, pero la última sesión la hago siempre
al aire libre, frente al paisaje que pinto. No puedes inventarte
la luz, no puedes hacer lo que te dé la gana con una tela.
Hay que plasmar la luz auténtica. Los cuadros pequeños
los hago casi siempre en una sola sesión, esté el
tiempo que esté, que pintando aguanto muy bien. Yo considero
que el mejor cuadro es el que se hace en una sesión, y
si puedo, acabo siempre. Y los cuadros grandes los dibujo al natural,
con detalle, luego los trabajo en casa, y de nuevo vuelvo al sitio
para la última sesión. Haciéndolo así
siempre se sale ganando. Puede ser un poco molesto en ocasiones,
sobre todo si la tela es muy grande, pero es preferible hacerlo
así. Para mí lo que vale en un cuadro es la última
sesión, ya que no hay dos días iguales, no hay dos
días de luz igual. Sí, hice figura, en estudio,
claro, y bodegones, pero lo que me gusta hacer es el paisaje,
especialmente de Olot y de Mallorca.
Dos grandes biombos decoran y compartimentan su estudio; uno de
ellos, formado por cuatro cuerpos, está pintado con una
magnífica vista de la bahía de Palma de Mallorca;
la mole- de la catedral matizada tornasoladamente destaca de manera
poderosa sobre el resto de tos edificios, que se con¬vierten
en un juego de manchas blancas y grises.
— Aquella era una Mallorca maravillosa, magnífica,
espléndida para pintar. Pero ahora ha cambiado mucho, todo
esto ya no existe, se han alzado bloques y más bloques
formando una muralla de cemento, de hormigón frente al
mar. Han destrozado el paisaje, no han sabido cuidarlo, no lo
han conservado, lo que me parece una barbaridad. Si, claro, el
turismo, en algún lugar hay que meter a toda la masa de
gente que ha descubierto desde hace años la belleza de
Mallorca. Pero a mí, que me den la de antes.
El segundo biombo está compuesto por cuarenta paisajes
olotinos, todos del mismo tamaño, convertido en un auténtica
exposición del artista.
— Todo esto lo hice cuando tenía tiempo, yo he sido
un hombre al que le ha gustado siempre mucho el hogar, la casa,
la familia. Y, claro, pues me pintaba el biombo, y lo que hiciera
falta... Empecé a dibujar a los cinco o seis años,
antes de saber escribir ya dibujaba. Las cartas a los Reyes Magos
no las escribía, sino que las dibujaba. Yo dibujaba los
juguetes que deseaba tener, y entonces mandaba la carta. A veces,
más tarde, comenté con mis padres lo mucho que me
gustaría conservar aquellas cartas, podían haberlas
guardado y enviar una hoja en papel en blanco. Pero se trataba
de mantener mi ilusión y las cartas eran enviadas. Estudié
en los Escolapios de la calle Balmes... y la verdad es que de
todo aquello sólo me interesaba la clase de dibujo que
, era dibujo de lámina, a base de reproducir láminas.
Allí, tuve como profesor a Castro Oliver. No, no era un
buen pintor; se ganaba la vida enseñando dibujo, este era
su trabajo. Pero yo le recuerdo con afecto, tengo un buen recuerdo
de él y le estoy muy agradecido porque fue quien me inició
de verdad en el dibujo, me apoyó siempre, creyó
en mí desde el primer momento. Luego, cuando acabé
el colegio, mi padre, que tenía amistad con Félix
Mestres, me facilitó el contacto con él; fue mi
maestro de verdad, tanto en Llotja, donde asistía a sus
clases, como en su estudio. Y mientras vivió, vio toda
mi obra, se la enseñé siempre, la comentábamos
juntos. Era un gran pintor y para mi fue un excelente pedagogo.
Gracias a él he pintado como Dios manda, no de cara al
público. Félix Mestre siempre decía que la
pintura es al revés de la naturaleza; primero se marcha
el color, luego la carne y queda el hueso, Cuando una persona
muere, lo primero que pierde es el color, después queda
en los huesos. Y en la pintura pasa lo mismo, la base es el dibujo,
que son los huesos. Hay que saber dibujar, lo que no quiere decir
que luego no se desdibuje. Primero dibujo todo, con gran cuidado,
y luego, si me conviene, si me interesa para lo que quiero expresar,
desdibujo. El dibujo son los huesos; la carne es el volumen, la
sensación de volumen, los planos. Y luego queda el color.
Pintar es el conjunto de todo ello, es la suma de estos tres factores.
Cuando hago un cuadro, no miro una zona u otra, sino el conjunto
de todo. Y el color... el color es desgraciadamente lo más
superficial, lo que primero desaparecerá. Claro que si
la materia es buena, si el material es bueno, aguanta. Pero ahora
no hay buenos materiales, no se porqué, la respuesta la
pueden dar los fabricantes. Demasiada química, quizás.
Antes los colores, las telas, eran mejores. La tela, la preparación
de la tela, requiere un gran cuidado, precisa un reposo de cuatro
o cinco años, y esto ahora los fa¬bricantes no lo hacen.
La tela está viva, se mueve, y hay que esperar a que se
asiente. Hay que pintar sobre tela que no se mueva. Pero todo
esto son cosas técnicas...
En viejos y bien conservados archivos de madera, Vallsquer guarda
toda la documentación de cada una de las exposiciones que
ha realizado. Catálogos, fotos, documentos, en un orden
perfecto. Todo está clasificado, y en el momento de seleccionar
material para reproducir me facilita un verdadero alud de fotografías.
— En mi familia no ha habido nin¬gún pintor,
ningún artista. No, no tengo antecedentes artísticos,
al menos que yo sepa. Mi padre era de Olot, contable, y mi madre
de Vilafranca. Yo nací aquí, en Barce¬lona,
y en el año 25 fui a Olot por primera vez y ya no me he
movido de allí. Yo fui pintor contra la volun¬tad de
mis padres; tenían la idea de que el pintor era el prototipo
de gandul, de descuidado, de bohe¬mio, y la verdad es que
los pintores tenían muy mala fama en aquel tiempo.
Ellos aceptaban que pintara como una distracción, digamos
que como una habilidad para llenar horas, pero no aceptaban la
posibilidad de que me dedicara sólo a ello. Por esto acabé
los es¬tudios de comercio, hice el peritaje mercantil y me
pusieron a trabajar cuando tenía 16 años. Claro,
no es como ahora, antes no había tantos problemas. Se hablaba
de crisis, siempre se ha hablado de crisis, pero era diferente,
no había difi¬cultad para encontrar trabajo. Mi padre
me puso de contable en una empresa que aún existe y que
eran amigos suyos, y trabajé como contable desde el año
20 al 33. Además, allí tampoco les gustaba la idea
de que pintara, y de que hiciera exposiciones. Yo salía
corriendo del trabajo, y a las siete entraba en Llotja, donde
me intere¬saban Félix Mestre y Labarta. Lo del trabajo
no me gustaba, pero... Los padres, en aquellos tiempos, mandaban
más que ahora, las cosas han cambiado mucho. Tie¬nen
más libertad las chicas de ahora que los muchachos de aquella
época. A mí no me parece ni bien ni mal, pero entiendo
que la familia es la familia. Y yo acepté lo que mis padres
deseaban para mí, pero en mi fuero interno estaba de¬cidido
a ser pintor, sólo pintor, a dedicarme en cuerpo y alma
a lo único que me interesaba. No sólo la pintura
ha llenado la vida de Vallsquer: también le ha quedado
tiempo para dedicarse a los navideños pesebres, que no
considera artesanía y si arte. cosa lógica a la
vista de un par de diora¬mas que conserva. Escenas bíblicas
que son verdaderas piezas. Uno de sus pesebres se halla en un
museo parisino. Pero de la mayoría de sus trabajos en esta
fa¬ceta, sólo quedan fotografías y documentos.
- Es imposible guardar los dioramas, necesitas un verdadero almacén.
Pero que quede claro que para mí un pesebre es una pieza
artística, no artesanal. Yo he pasado ratos, muchas horas,
maravillosas. trabajando en su construcción... Pero volviendo
.a la pintura, mi primera exposición la hice en el año
24, o sea que llevo más de sesenta años exponiendo
ya que la ultima la he hecho hace pocos meses en Grite y Escoda.
aquí en Barcelona. Sesenta ,años
de expositor que está pronto dicho. que son años.
Conserva un dossier de cada una de las muestras realizadas; multitud
de críticas están cuidadosamente ordenadas y guardadas,
y la mayor parte de la documentación está por duplicado.
— Lo duplico porque tengo dos hijas. Espero que ellas lo
conser¬varán todo, y luego ya veremos... Yo debuté,
como pintor profesional, en Can Pares, la sala del Sr. Pares,
en el último año que él la regentó,
ya que meses después la traspasó a los Maragall.
¿Sabe lo que se pagó de traspaso?. Pues veinticin¬co
mil pesetas, que eran muchas para la época. En aquella
primera exposición firmé con Mauncí Valls,
mi nombre y mi primer apellido. pero a partir de la segunda pasé
a firmarme como Vallsquer que es la unión de mis dos apellidos.
Me pareció que sonaba mejor, y me he acostumbrado tanto,
que muchas veces cuando alguien pregunta por Valls, me quedo indiferente.
Pero no soy el único que lo he hecho;
Durancamps y muchos otros, o han utilizado el segundo apellido
porque el primero no "sonaba" tan bien... La primera
exposición fue un éxito, funcionó bien ya
que vendí casi todo, pero porque era la pri¬mera, y
ya sabe, en estos casos, los pariente, los amigos, pues se ven
un poco obligados a comprar. Si tu¬viera que localizar los
cuadros de aquella exposición, sólo podría
ha¬cerlo con uno, que sé donde está. De los
demás, he perdido la pista. Yo suelo saber quién
es el dueño de mis cuadros, o por lo menos, quién
los ha comprado, pero con tantos cientos, miles que he pintado,
pues hay muchos que ignoro dónde anda, quién los
tiene.. pero no me importa; se pinta para que la obra sea conocida.
Se ama mucho a los cuadros, pero se sabe que acabarán siguiendo
su camino. que vivirán su vida. Son como hijos que acaban
marchando de casa. Es ley de vida. La segunda expo¬sición
la hice en 1926, y desde en¬tonces no he parado. Hasta el
78. llevaba 146 exposiciones individua¬les, y las que han
seguido hasta la última, pero el archivo lo tengo aún
incompleto, ahora estoy trabajando en ello quiero dejarlo todo
en orden.
Me muestra su obra más recien¬te, realizada con soltura,
con una utilización correcta y mesurada del color. Paisajes
de sus tierra ama¬das. cuadros hechos con serena pasión.
- Tuve una época de no hacer exposiciones, que fue alrededor
del año 60, y lo hice como una reacción contra el
tipo de pintura que estalló entonces y que aún continúa
en parte, todas estas ani¬maladas que le llaman pintura. ¿Qué
es esto de pegar bandejas de cartón, de las utilizadas
por los pas¬teleros. en una tela y decir que aquello es un
cuadro7. Todo esto no es pintar. Pintar es algo mucho más
seno. Sí, claro, hay formas y formas de pintar, pero sin
olvidar nunca que se está pintando. Picasso tiene cosas
buenas y malas. Y Dalí, que es muy fácil de copiar
igual. A Dalí se le puede copiar fácilmente porque
es un per¬feccionista, es un gran dibujante. Y también
es el más listo y el más comerciante de todos los
pintores. En cuanto a lo del abstracto y a todo lo que le ha seguido,
yo no creo que quede nada de ello, o casi nada. Quedará
como anécdota, pero no como pintura auténtica. Por
lo menos, así lo creo yo. Dejé de exponer durante
unos años. pero no de pintar, claro, ni de seguir vendiendo
mi obra. Siempre he pintado, no he dejado de hacer¬lo nunca,
ni dejaré.
Vallsquer es un archivador de anécdotas. Cuenta y no acaba,
con gran precisión de nombres y de¬talles, hechos y
sucedidos, sin acri¬tud y sin deseos de que los trans¬criba.
El monólogo se convierte en un desgranar de recuerdos,
con nombres propios y señales, pero que quedan como demostración
de su gran memoria y de su sentido de la caballerosidad. •
También los recuerdos de guerra, el comentario político,.
Se suceden, pero sin deseos de trascripción. Vallsquer,
profundamente catalanista, es un archivo viviente de datos y de
razones para de¬fender los postulados que sostiene.
Mis padres muñeron en el 43, con quince días de
diferencia. Mi madre tenia un cáncer y sufrió mu¬cho.
Mi padre murió más joven que yo, pero estaba muy
mal. Fue una época muy dura para mi. Cuando ellos faltaron,
me marché a Mallor¬ca y allí tuve un gran éxito.
Fui a pasar una temporada, pero me quedé seis años,
prendado por aquella luz, por aquella maravillosa naturaleza,
que en algunos puntos. concretamente Soller. se parece mucho a
Olot. En aquel tiempo se creó una polémica contra
los pintores de la escuela de Olot. se discutió mucho el
tema. Yo recuer¬do que un crítico alabó mi cambio
al paisaje mallorquín, y lo curioso es que los comentaristas
mallorquines alababan la visión olotina, por decirlo de
alguna manera, que yo daba a las tierras Baleares. La verdad es
que hay una relación, una coincidencia paisajística
entre estas dos tierras. Después de la etapa de Mallorca
regresé a Olot. Y así trans¬curre mi vida, entre
Olot y Barce¬lona, trabajando aquí y allá, prepa¬rando
nuevas exposiciones.
También dentro del secreto del sumario cuenta anécdotas
de la crítica; opiniones que el tiempo se ha encargado
de desvanecer, afir¬maciones que no han dejado ras¬tro,
descubrimiento de artistas que ya están sumidos en el olvido...
Pero Vallsquer lo convierte todo en anécdota, no quiere
nombres propios para soslayar cualquier posibilidad de molestar.
— Sigo pintando con el mismo in¬terés y afán
que el primer día. Y pin¬taré mientras pueda.
Yo, jubilarme no me jubilo, me jubilará la muerte. Soy
feliz pintando, y si algo tengo que agradecer a la pintura, a
la que agradezco muchas cosas, la más importante de ellas
es que he sido muy feliz gracias a ella. No, no soy metódico
pintando; el trabajo diario, el pintar cada día, induda¬blemente
ayuda, da oficio. Pero pintar de verdad, sólo se logra
cuando estás inspirado; la inspira¬ción es algo
natural, que surge, y de la que te das plena cuenta, eres consciente
de ello.
Empieza a lloviznar cuando abandono el estudio de Vallsquer. Tengo
la sensación de haber disfrutado de una larga charla con
un largo periodo de la historia de la pintura olotina. Sesenta
años exponiendo. Un cúmulo de vivencias difíciles
de resumir en unas pocas cuartillas.
Texto: J. Llop S.
Num/19
Gal Art
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