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Reportatge sobre Vallsquer a la Revista Gal Art
Llibre: “Dos siglos de pintura catalana XIX – XX Madrid 1974 ”
Entrada al Diccionari enciclopédic Rafols
 
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Reportatge sobre Vallsquer a la Revista Gal Art

J. Llop S.

VALLSQUER En su estudio


En el centro de Barcelona, cerca de la plaza de Cataluña, esquina del Paseo de Gracia, en la parte de la ciudad cuadriculada por Cerdà y destrozada por el afán constructor y especulador que ha caracterizado parte de nuestra sociedad incapaz de respetar la idea de manzanas abiertas y ajardinadas se encuentra el estudio de Vallsquer. Ocupa el cuarto piso de una vieja y señorial vivienda, con escalera de mármol y ascensor renqueante, estudio que da a la calle a través de unos estrechos balcones que quedan casi colgando sobre el vacío y el espacio interior de manzana ocupada por el patio de un colegio. Cada hora se producen quince minutos de pausa en el colegio y los gritos de los muchachos jugando sustituyen el ruido de la circulación. Vallsquer ha inmortalizado en varias telas su calle, comparando aquella realidad con la actual, los cambios han sido notables y en detrimento de la estética. Han pasado ya muchos años, muchos, de cuando el pintor, asomado al balcón, el caballete en el estudio, pintaba, lo que veía y que ahora se ha convertido en un recuerdo.
El piso es grande, con amplias habitaciones, una elegante chimenea en la estancia principal, un piano, muebles cómodos, techos altos, que permiten colocar varios cuadros uno encima de otro, cuadros de `pintores amigos del artista, grandes firmas que han dejado so obra como recuerdo de su paso entre nosotros.
El estudio, el lugar de trabajo, da a la calle,; el resto del piso está convertido en archivo de vivencias. Estudio que Vallsquer está renovando, apenas dado el desorden transitorio, queda espacio para el caballete. Se acumulan cuadros ordenadamente colocados en estanterías metálicas y libros albergados en un gran armario. Libros de pintura, geográficos, de literatura catalana.
Cuando llegamos, Vallsquer se encuentra solo, trajinando ordenando. Cada cosa en su sitio es una de sus obsesiones; todo tiene un lugar y todo debe hallarse en el sitio que le corresponde.

- Si, si , si ya tengo ochenta y dos años, nací el 3 de marzo de 1904, pero me inscribieron el día 4
Un día mas o menos ya no importa a estas alturas. Ni un año. A mí esto de la edad nunca me ha preocupado. Se nace y ya está y lo que importa es hacer cosas, estar en activo, trabajar; el pensar en la edad el decir que tienes mas o menos años ¿qué valor tiene? Tengo casi ochenta y dos... y estoy vivo de milagro. Mire yo me quejaba, tenia un dolor aquí en el brazo izquierdo, una cierta dificultad, nada una molestia, a la que no concedía demasiada importancia. Tampoco mi medico parecía darle valor, yo me quejaba, pero él decía que bueno que eran cosas de la edad. Pero un día en Olot me dio fuerte. Me había levantado pronto, como siempre, que yo me levanto pronto, y salí a comprar el periódico. Eran la nueve de la mañana. Al regresar a casa, aún en la calle, me dio fuerte como un mareo, un gran dolor. Llegué a casa como pude, me apoyé en la mesa ... y ya no recuerdo nada más. Estuve unos segundos con el corazón parado, muerto y lo que me salvó fue que me atendieron inmediatamente. Y ahora pastillitas continuamente. Si, estoy bien me encuentro bien, pero, si ando mucho... pues me canso, ya no puedo. Solo salgo a pintar fuera cuando mi hija me lleva en coche. Conduzco o conducía desde el año 28. Pero desde que me dio el infarto no he vuelto a sentarme al volante. Yo no sirvo para pintar en el estudio, de memoria, paisajes de memoria. Esto no es pintar para mí Mi estudio es el paisaje de Olot, de Mallorca... ¿Para qué hacemos fotos aquí, si yo trabajo al aire libre?. Si quiere, tengo fotos que me han hecho recientemente, que han quedado bien, bastante bien. A veces, en el estudio, hago el prefinan, toco la tela, la trabajo algo, pero la última sesión la hago siempre al aire libre, frente al paisaje que pinto. No puedes inventarte la luz, no puedes hacer lo que te dé la gana con una tela. Hay que plasmar la luz auténtica. Los cuadros pequeños los hago casi siempre en una sola sesión, esté el tiempo que esté, que pintando aguanto muy bien. Yo considero que el mejor cuadro es el que se hace en una sesión, y si puedo, acabo siempre. Y los cuadros grandes los dibujo al natural, con detalle, luego los trabajo en casa, y de nuevo vuelvo al sitio para la última sesión. Haciéndolo así siempre se sale ganando. Puede ser un poco molesto en ocasiones, sobre todo si la tela es muy grande, pero es preferible hacerlo así. Para mí lo que vale en un cuadro es la última sesión, ya que no hay dos días iguales, no hay dos días de luz igual. Sí, hice figura, en estudio, claro, y bodegones, pero lo que me gusta hacer es el paisaje, especialmente de Olot y de Mallorca.
Dos grandes biombos decoran y compartimentan su estudio; uno de ellos, formado por cuatro cuerpos, está pintado con una magnífica vista de la bahía de Palma de Mallorca; la mole- de la catedral matizada tornasoladamente destaca de manera poderosa sobre el resto de tos edificios, que se con¬vierten en un juego de manchas blancas y grises.
— Aquella era una Mallorca maravillosa, magnífica, espléndida para pintar. Pero ahora ha cambiado mucho, todo esto ya no existe, se han alzado bloques y más bloques formando una muralla de cemento, de hormigón frente al mar. Han destrozado el paisaje, no han sabido cuidarlo, no lo han conservado, lo que me parece una barbaridad. Si, claro, el turismo, en algún lugar hay que meter a toda la masa de gente que ha descubierto desde hace años la belleza de Mallorca. Pero a mí, que me den la de antes.
El segundo biombo está compuesto por cuarenta paisajes olotinos, todos del mismo tamaño, convertido en un auténtica exposición del artista.
— Todo esto lo hice cuando tenía tiempo, yo he sido un hombre al que le ha gustado siempre mucho el hogar, la casa, la familia. Y, claro, pues me pintaba el biombo, y lo que hiciera falta... Empecé a dibujar a los cinco o seis años, antes de saber escribir ya dibujaba. Las cartas a los Reyes Magos no las escribía, sino que las dibujaba. Yo dibujaba los juguetes que deseaba tener, y entonces mandaba la carta. A veces, más tarde, comenté con mis padres lo mucho que me gustaría conservar aquellas cartas, podían haberlas guardado y enviar una hoja en papel en blanco. Pero se trataba de mantener mi ilusión y las cartas eran enviadas. Estudié en los Escolapios de la calle Balmes... y la verdad es que de todo aquello sólo me interesaba la clase de dibujo que , era dibujo de lámina, a base de reproducir láminas. Allí, tuve como profesor a Castro Oliver. No, no era un buen pintor; se ganaba la vida enseñando dibujo, este era su trabajo. Pero yo le recuerdo con afecto, tengo un buen recuerdo de él y le estoy muy agradecido porque fue quien me inició de verdad en el dibujo, me apoyó siempre, creyó en mí desde el primer momento. Luego, cuando acabé el colegio, mi padre, que tenía amistad con Félix Mestres, me facilitó el contacto con él; fue mi maestro de verdad, tanto en Llotja, donde asistía a sus clases, como en su estudio. Y mientras vivió, vio toda mi obra, se la enseñé siempre, la comentábamos juntos. Era un gran pintor y para mi fue un excelente pedagogo. Gracias a él he pintado como Dios manda, no de cara al público. Félix Mestre siempre decía que la pintura es al revés de la naturaleza; primero se marcha el color, luego la carne y queda el hueso, Cuando una persona muere, lo primero que pierde es el color, después queda en los huesos. Y en la pintura pasa lo mismo, la base es el dibujo, que son los huesos. Hay que saber dibujar, lo que no quiere decir que luego no se desdibuje. Primero dibujo todo, con gran cuidado, y luego, si me conviene, si me interesa para lo que quiero expresar, desdibujo. El dibujo son los huesos; la carne es el volumen, la sensación de volumen, los planos. Y luego queda el color. Pintar es el conjunto de todo ello, es la suma de estos tres factores. Cuando hago un cuadro, no miro una zona u otra, sino el conjunto de todo. Y el color... el color es desgraciadamente lo más superficial, lo que primero desaparecerá. Claro que si la materia es buena, si el material es bueno, aguanta. Pero ahora no hay buenos materiales, no se porqué, la respuesta la pueden dar los fabricantes. Demasiada química, quizás. Antes los colores, las telas, eran mejores. La tela, la preparación de la tela, requiere un gran cuidado, precisa un reposo de cuatro o cinco años, y esto ahora los fa¬bricantes no lo hacen. La tela está viva, se mueve, y hay que esperar a que se asiente. Hay que pintar sobre tela que no se mueva. Pero todo esto son cosas técnicas...
En viejos y bien conservados archivos de madera, Vallsquer guarda toda la documentación de cada una de las exposiciones que ha realizado. Catálogos, fotos, documentos, en un orden perfecto. Todo está clasificado, y en el momento de seleccionar material para reproducir me facilita un verdadero alud de fotografías.
— En mi familia no ha habido nin¬gún pintor, ningún artista. No, no tengo antecedentes artísticos, al menos que yo sepa. Mi padre era de Olot, contable, y mi madre de Vilafranca. Yo nací aquí, en Barce¬lona, y en el año 25 fui a Olot por primera vez y ya no me he movido de allí. Yo fui pintor contra la volun¬tad de mis padres; tenían la idea de que el pintor era el prototipo de gandul, de descuidado, de bohe¬mio, y la verdad es que los pintores tenían muy mala fama en aquel tiempo.
Ellos aceptaban que pintara como una distracción, digamos que como una habilidad para llenar horas, pero no aceptaban la posibilidad de que me dedicara sólo a ello. Por esto acabé los es¬tudios de comercio, hice el peritaje mercantil y me pusieron a trabajar cuando tenía 16 años. Claro, no es como ahora, antes no había tantos problemas. Se hablaba de crisis, siempre se ha hablado de crisis, pero era diferente, no había difi¬cultad para encontrar trabajo. Mi padre me puso de contable en una empresa que aún existe y que eran amigos suyos, y trabajé como contable desde el año 20 al 33. Además, allí tampoco les gustaba la idea de que pintara, y de que hiciera exposiciones. Yo salía corriendo del trabajo, y a las siete entraba en Llotja, donde me intere¬saban Félix Mestre y Labarta. Lo del trabajo no me gustaba, pero... Los padres, en aquellos tiempos, mandaban más que ahora, las cosas han cambiado mucho. Tie¬nen más libertad las chicas de ahora que los muchachos de aquella época. A mí no me parece ni bien ni mal, pero entiendo que la familia es la familia. Y yo acepté lo que mis padres deseaban para mí, pero en mi fuero interno estaba de¬cidido a ser pintor, sólo pintor, a dedicarme en cuerpo y alma a lo único que me interesaba. No sólo la pintura ha llenado la vida de Vallsquer: también le ha quedado tiempo para dedicarse a los navideños pesebres, que no considera artesanía y si arte. cosa lógica a la vista de un par de diora¬mas que conserva. Escenas bíblicas que son verdaderas piezas. Uno de sus pesebres se halla en un museo parisino. Pero de la mayoría de sus trabajos en esta fa¬ceta, sólo quedan fotografías y documentos.
- Es imposible guardar los dioramas, necesitas un verdadero almacén. Pero que quede claro que para mí un pesebre es una pieza artística, no artesanal. Yo he pasado ratos, muchas horas, maravillosas. trabajando en su construcción... Pero volviendo .a la pintura, mi primera exposición la hice en el año 24, o sea que llevo más de sesenta años exponiendo ya que la ultima la he hecho hace pocos meses en Grite y Escoda. aquí en Barcelona. Sesenta ,años
de expositor que está pronto dicho. que son años.
Conserva un dossier de cada una de las muestras realizadas; multitud de críticas están cuidadosamente ordenadas y guardadas, y la mayor parte de la documentación está por duplicado.
— Lo duplico porque tengo dos hijas. Espero que ellas lo conser¬varán todo, y luego ya veremos... Yo debuté, como pintor profesional, en Can Pares, la sala del Sr. Pares, en el último año que él la regentó, ya que meses después la traspasó a los Maragall. ¿Sabe lo que se pagó de traspaso?. Pues veinticin¬co mil pesetas, que eran muchas para la época. En aquella primera exposición firmé con Mauncí Valls, mi nombre y mi primer apellido. pero a partir de la segunda pasé a firmarme como Vallsquer que es la unión de mis dos apellidos. Me pareció que sonaba mejor, y me he acostumbrado tanto, que muchas veces cuando alguien pregunta por Valls, me quedo indiferente. Pero no soy el único que lo he hecho;
Durancamps y muchos otros, o han utilizado el segundo apellido porque el primero no "sonaba" tan bien... La primera exposición fue un éxito, funcionó bien ya que vendí casi todo, pero porque era la pri¬mera, y ya sabe, en estos casos, los pariente, los amigos, pues se ven un poco obligados a comprar. Si tu¬viera que localizar los cuadros de aquella exposición, sólo podría ha¬cerlo con uno, que sé donde está. De los demás, he perdido la pista. Yo suelo saber quién es el dueño de mis cuadros, o por lo menos, quién los ha comprado, pero con tantos cientos, miles que he pintado, pues hay muchos que ignoro dónde anda, quién los tiene.. pero no me importa; se pinta para que la obra sea conocida. Se ama mucho a los cuadros, pero se sabe que acabarán siguiendo su camino. que vivirán su vida. Son como hijos que acaban marchando de casa. Es ley de vida. La segunda expo¬sición la hice en 1926, y desde en¬tonces no he parado. Hasta el 78. llevaba 146 exposiciones individua¬les, y las que han seguido hasta la última, pero el archivo lo tengo aún incompleto, ahora estoy trabajando en ello quiero dejarlo todo en orden.
Me muestra su obra más recien¬te, realizada con soltura, con una utilización correcta y mesurada del color. Paisajes de sus tierra ama¬das. cuadros hechos con serena pasión.
- Tuve una época de no hacer exposiciones, que fue alrededor del año 60, y lo hice como una reacción contra el tipo de pintura que estalló entonces y que aún continúa en parte, todas estas ani¬maladas que le llaman pintura. ¿Qué es esto de pegar bandejas de cartón, de las utilizadas por los pas¬teleros. en una tela y decir que aquello es un cuadro7. Todo esto no es pintar. Pintar es algo mucho más seno. Sí, claro, hay formas y formas de pintar, pero sin olvidar nunca que se está pintando. Picasso tiene cosas buenas y malas. Y Dalí, que es muy fácil de copiar igual. A Dalí se le puede copiar fácilmente porque es un per¬feccionista, es un gran dibujante. Y también es el más listo y el más comerciante de todos los pintores. En cuanto a lo del abstracto y a todo lo que le ha seguido, yo no creo que quede nada de ello, o casi nada. Quedará como anécdota, pero no como pintura auténtica. Por lo menos, así lo creo yo. Dejé de exponer durante unos años. pero no de pintar, claro, ni de seguir vendiendo mi obra. Siempre he pintado, no he dejado de hacer¬lo nunca, ni dejaré.
Vallsquer es un archivador de anécdotas. Cuenta y no acaba, con gran precisión de nombres y de¬talles, hechos y sucedidos, sin acri¬tud y sin deseos de que los trans¬criba. El monólogo se convierte en un desgranar de recuerdos, con nombres propios y señales, pero que quedan como demostración de su gran memoria y de su sentido de la caballerosidad. •
También los recuerdos de guerra, el comentario político,. Se suceden, pero sin deseos de trascripción. Vallsquer, profundamente catalanista, es un archivo viviente de datos y de razones para de¬fender los postulados que sostiene.
Mis padres muñeron en el 43, con quince días de diferencia. Mi madre tenia un cáncer y sufrió mu¬cho. Mi padre murió más joven que yo, pero estaba muy mal. Fue una época muy dura para mi. Cuando ellos faltaron, me marché a Mallor¬ca y allí tuve un gran éxito. Fui a pasar una temporada, pero me quedé seis años, prendado por aquella luz, por aquella maravillosa naturaleza, que en algunos puntos. concretamente Soller. se parece mucho a Olot. En aquel tiempo se creó una polémica contra los pintores de la escuela de Olot. se discutió mucho el tema. Yo recuer¬do que un crítico alabó mi cambio al paisaje mallorquín, y lo curioso es que los comentaristas mallorquines alababan la visión olotina, por decirlo de alguna manera, que yo daba a las tierras Baleares. La verdad es que hay una relación, una coincidencia paisajística entre estas dos tierras. Después de la etapa de Mallorca regresé a Olot. Y así trans¬curre mi vida, entre Olot y Barce¬lona, trabajando aquí y allá, prepa¬rando nuevas exposiciones.
También dentro del secreto del sumario cuenta anécdotas de la crítica; opiniones que el tiempo se ha encargado de desvanecer, afir¬maciones que no han dejado ras¬tro, descubrimiento de artistas que ya están sumidos en el olvido... Pero Vallsquer lo convierte todo en anécdota, no quiere nombres propios para soslayar cualquier posibilidad de molestar.
— Sigo pintando con el mismo in¬terés y afán que el primer día. Y pin¬taré mientras pueda. Yo, jubilarme no me jubilo, me jubilará la muerte. Soy feliz pintando, y si algo tengo que agradecer a la pintura, a la que agradezco muchas cosas, la más importante de ellas es que he sido muy feliz gracias a ella. No, no soy metódico pintando; el trabajo diario, el pintar cada día, induda¬blemente ayuda, da oficio. Pero pintar de verdad, sólo se logra cuando estás inspirado; la inspira¬ción es algo natural, que surge, y de la que te das plena cuenta, eres consciente de ello.
Empieza a lloviznar cuando abandono el estudio de Vallsquer. Tengo la sensación de haber disfrutado de una larga charla con un largo periodo de la historia de la pintura olotina. Sesenta años exponiendo. Un cúmulo de vivencias difíciles de resumir en unas pocas cuartillas.

Texto: J. Llop S.
Num/19
Gal Art

 

 

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